Ayer por la tarde Antonio Perni y yo hicimos una bonita excursión al
pantano de Elche. Fue un viaje en el espacio y en el tiempo: empezamos
por los estratos margosos del Holoceno, pasamos seguidamente a un
diapiro yesífero-arcilloso del Mesozoico y fuimos testigos de
las colosales fuerzas que se están desatando entre Europa y África.
Después nos sumergimos en la Edad del Hierro, personificada en un
poblado ibérico con sus casas, sus restos de cerámica y sus piedras de
moler trigo. Y por último, justo cuando el Sol empezaba a declinar, un
castillo medieval nos transportó a la época de la Reconquista. Todo ello amenizado con la vibrante estridulación de miles de
chicharras.
Pese a encontrarnos en el pico de una tórrida ola de calor, algunas nubes piadosas hicieron la jornada más que soportable.

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