Esta mañana me he acercado al lado sur del PN del Hondo
(Elche), para ver si puedo fotografiar algún ejemplar de la típica avifauna de
invierno: grullas, avefrías, ánsares... Cuando aparco, a las 8:15, la
temperatura es de 6ºC, y una espesa niebla desdibuja los contornos del paisaje.
En estas condiciones resulta imposible distinguir ningún bicho viviente en las
barbecheras de Vista Bella, que es donde se suelen poner las grullas. Así que
opto por dirigirme a los observatorios que miran al Hondo.
La niebla crea una sensación de misterio en la laguna. Hay
varios cormoranes perchados en unas estacas que sobresalen del agua. Poco a
poco empieza a animarse la mañana. Una tarabilla revolotea por el cañizo que
hay en frente del observatorio. Las tres especies de zampullines, el común, el
cuellirrojo y el cuellinegro, nadan cerca de mí con indiferencia. Durante las
siguientes dos horas fotografío cormoranes desplegando sus alas al Sol,
porrones moñudo y europeo, flamencos... Y también, por fin, un bando de once
grullas volando en dirección norte.
De pronto un martín pescador se posa a unos escasos 15
metros de distancia. ¡Un Martín pescador! Un ave tan bonita como esquiva; la
joya del humedal. Solo aguanta tres segundos, ni uno más, antes de volver a perderse
en el laberinto del cañizo. Pero a mí me bastan para encuadrar, enfocar y hacer
seis disparos. Hay mucha experiencia acumulada en mis canas.
Como a las 10:30 la niebla se ha levantado totalmente, me
dirijo de nuevo a los campos de Vista Bella para ver si diviso grullas o
avefrías comistrajeando entre las babecheras. Pero no, hoy no hay suerte.
Media hora más tarde es tiempo de regresar. Pero sé por
experiencia que el viaje de vuelta puede deparar gratas sorpresas. Así que
dejo la cámara sobre el asiento del copiloto y me pongo en marcha.
Efectivamente, un kilómetro más adelante detengo el coche en el arcén; hay un águila
calzada ciclando encima de la carretera. Mientras la fotografío me doy cuenta
de que está adoptando la pose de caza: encoje el cuerpo y despliega unas garras
potentes como garfios. De repente se precipita sobre una pequeña laguna en la
que nadan algunos patos cuchara. Se produce un pequeño alboroto en el aguazal
cuando irrumpe el águila, pero no puede hacer presa y regresa con las garras
vacías.





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