La
mañana ha amanecido nublada, lo que no es muy frecuente en este rincón
del planeta. Una ligera brisa proporciona una agradable sensación de
frescor. Cuando llego a la laguna del Pinet (Elche), sobre las 9 y media, me
sorprende la frenética algarabía del abundante averio. Decenas, tal vez más de
un centenar, de gaviotas picofinas se precipitan en picado hacia el tablazo de
agua, en busca de su pitanza. Los charrancillos se suman a la actividad depredadora,
y entre unas y otros ofrecen bonitos motivos fotográficos.
Una
hora más tarde el humedal recupera su placidez habitual, una placidez que puede
ser engañosa, como estoy a punto de comprobar. Aprovecho entonces para meterme
en uno de los observatorios. Frente a mí se extiende una porción de la laguna,
y más allá un pequeño islote sobre el que corretea un puñado de avocetas. En
cualquier caso están demasiado lejos para poder hacer alguna foto que valga la
pena.
En esas
estoy cuando distingo algo posado a unos treinta metros por encima de la
colonia. Se trata de un cernícalo, escudriñando con su penetrante mirada cada
palmo de suelo en busca de alguna presa. De improviso cae en picado sobre el
averío e inicia a continuación una precipitada huida, seguido por algunas aves
iracundas. En total la operación ha durado tres o cuatro segundos, suficientes
para que pueda disparar varias fotos, aunque sin ser plenamente consciente de
lo que estaba sucediendo.
Solo
después, cuando contemplo las tomas, me doy cuenta de que la pequeña rapaz ha conseguido
capturar un pollo de avoceta, al que lleva firmemente asido por sus garras de
acero. Lamentablemente la escena ha sucedido demasiado lejos y la luz resulta algo deficiente para que la foto
tenga una calidad óptima, pero al menos se trata de un documento impactante.





No hay comentarios:
Publicar un comentario