domingo, 3 de junio de 2012



La mañana ha amanecido nublada, lo que no es muy frecuente en este rincón del planeta. Una ligera brisa proporciona una agradable sensación de frescor. Cuando llego a la laguna del Pinet (Elche), sobre las 9 y media, me sorprende la frenética algarabía del abundante averio. Decenas, tal vez más de un centenar, de gaviotas picofinas se precipitan en picado hacia el tablazo de agua, en busca de su pitanza. Los charrancillos se suman a la actividad depredadora, y entre unas y otros ofrecen bonitos motivos fotográficos.




Una hora más tarde el humedal recupera su placidez habitual, una placidez que puede ser engañosa, como estoy a punto de comprobar. Aprovecho entonces para meterme en uno de los observatorios. Frente a mí se extiende una porción de la laguna, y más allá un pequeño islote sobre el que corretea un puñado de avocetas. En cualquier caso están demasiado lejos para poder hacer alguna foto que valga la pena.
En esas estoy cuando distingo algo posado a unos treinta metros por encima de la colonia. Se trata de un cernícalo, escudriñando con su penetrante mirada cada palmo de suelo en busca de alguna presa. De improviso cae en picado sobre el averío e inicia a continuación una precipitada huida, seguido por algunas aves iracundas. En total la operación ha durado tres o cuatro segundos, suficientes para que pueda disparar varias fotos, aunque sin ser plenamente consciente de lo que estaba sucediendo.
Solo después, cuando contemplo las tomas, me doy cuenta de que la pequeña rapaz ha conseguido capturar un pollo de avoceta, al que lleva firmemente asido por sus garras de acero. Lamentablemente la escena ha sucedido demasiado lejos y la luz resulta algo deficiente para que la foto tenga una calidad óptima, pero al menos se trata de un documento impactante.



No hay comentarios:

Publicar un comentario