A las
9:15 de la mañana estamos todos reunidos: Rosa, Elisa y su marido Ricardo, Susi y
su marido José, Antonio, Nacho y yo. Nos dirigimos en dos coches a la
cueva de Canelobre, para hacer el recorrido senderista del Cabeçó d´Or. Esta
vez hemos elegido una ruta de moderada dificultad, porque de momento no queremos
forzar mucho a nuestros nuevos compañeros.
Al
llegar al punto de inicio de ruta nos encontramos con Pascual, el noveno
integrante del grupo. Empezamos a caminar por un ancho camino. Al poco la ruta
se desvía por una estrecha senda que asciende hasta lo alto del collado. Tras
una pequeña pausa empezamos la subida propiamente dicha.
-¡Hasta
la vista!- me despido de los colegas.
Y empiezo
a caminar a toda mecha. Esta vez Antonio prefiere seguir tranquilamente con el
resto del grupo, antes que hacerse cómplice de mi excéntrica forma de subir
las cuestas.
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| Nacho, el rey de la montaña |
Cuando
llego al collado me siento a esperar mientras tomo algunas notas. Poco a poco
van llegando los demás. Cuando estamos todos juntos iniciamos el segundo
ascenso, esta vez hasta la cima del Cabeçó.
En esta
subida hay algunos tramos que requieren trepar un poco. Yo me quedo esperando a
que suba todo el mundo, cámara en ristre, para ver si puedo inmortalizar alguna
caída divertida, pero no hay suerte.
Al
final llegamos al punto geodésico.
-¿Ya
está? ¿Ya hemos llegado?- se sorprende Rosa.- ¡Qué pronto!
Menudo
chasco. Y nosotros que queríamos impresionar a las chicas.
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| En el punto geodésico. De izquierda a derecha; de pie: José, Rosa, Antonio, Ricardo, Pascual y yo; sentados: Susi, Elisa y Nacho |
Hay
algunas nubes a la altura del Puig Campana que no presagian nada bueno. Nos
hacemos algunas fotos en la cima y empezamos el descenso. Al regreso pasamos
por una cueva desde la que sale una cálida brisa. Si además oliese a azufre
podríamos aventurar que por el otro lado comunica con las mismas entrañas del
Averno. Por si acaso, nos hacemos una foto rápida y a seguir camino.
Llegamos
de nuevo al collado. Es la una de la tarde. Buena hora para hacer un alto y
tomar el bocata. Pascual se despide y se va en solitario; tiene que estar en
casa a la hora de comer. Los demás nos ponemos cómodos y empezamos a atacar la
comida.
Por
último acometemos el último tramo de la ruta.
-¿Cuánto
falta?- se interesa alguno de los novatos.
-No
mucho -informa Nacho-. Ahora tenemos un suave descenso hasta la base de la
cueva de Canelobre, y para terminar… ¡la traca!
¿La
traca? ¿Qué porras será la traca?, se preguntan. Preferimos no dar más
detalles. Nos gusta crear un poco de suspense.
Esta
vez vamos Nacho y yo por delante, sensiblemente separados del resto. Poco antes
del llegar al final esperamos a los demás. Una vez reunidos caminamos juntos unos
pocos pasos y, ¡voilá! La famosa traca es una cuesta espantosamente empinada
que sube hasta la cueva de Canelobre. Un simpático regalo que se encuentra el
sufrido senderista cuando llega cansado, pensando que la ruta ha terminado.
-¿Y
esta es la traca? -se burla Susi-. ¡Menuda birria!
Decididamente,
estas chicas no son fáciles de impresionar.
Tras
salvar el abrupto desnivel volvemos al punto de salida. Son las 4:30 de la
tarde, hora de volver a casa.




Ja,ja: a la próxima las hacemos subir el Puig Campana por el pedrero: ya veremos si no se impresionan. Feliz año, montañeros!!
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