sábado, 14 de diciembre de 2013



A las 9:15 de la mañana estamos todos reunidos: Rosa, Elisa y su marido Ricardo, Susi y su marido José, Antonio, Nacho y yo. Nos dirigimos en dos coches a la cueva de Canelobre, para hacer el recorrido senderista del Cabeçó d´Or. Esta vez hemos elegido una ruta de moderada dificultad, porque de momento no queremos forzar mucho a nuestros nuevos compañeros.
Al llegar al punto de inicio de ruta nos encontramos con Pascual, el noveno integrante del grupo. Empezamos a caminar por un ancho camino. Al poco la ruta se desvía por una estrecha senda que asciende hasta lo alto del collado. Tras una pequeña pausa empezamos la subida propiamente dicha.
-¡Hasta la vista!- me despido de los colegas.
Y empiezo a caminar a toda mecha. Esta vez Antonio prefiere seguir tranquilamente con el resto del grupo, antes que hacerse cómplice de mi excéntrica forma de subir las cuestas.
Nacho, el rey de la montaña
Cuando llego al collado me siento a esperar mientras tomo algunas notas. Poco a poco van llegando los demás. Cuando estamos todos juntos iniciamos el segundo ascenso, esta vez hasta la cima del Cabeçó.
En esta subida hay algunos tramos que requieren trepar un poco. Yo me quedo esperando a que suba todo el mundo, cámara en ristre, para ver si puedo inmortalizar alguna caída divertida, pero no hay suerte.
Al final llegamos al punto geodésico.
-¿Ya está? ¿Ya hemos llegado?- se sorprende Rosa.- ¡Qué pronto!
Menudo chasco. Y nosotros que queríamos impresionar a las chicas.
En el punto geodésico. De izquierda a derecha; de pie: José, Rosa, Antonio, Ricardo, Pascual y yo; sentados: Susi, Elisa y Nacho

Hay algunas nubes a la altura del Puig Campana que no presagian nada bueno. Nos hacemos algunas fotos en la cima y empezamos el descenso. Al regreso pasamos por una cueva desde la que sale una cálida brisa. Si además oliese a azufre podríamos aventurar que por el otro lado comunica con las mismas entrañas del Averno. Por si acaso, nos hacemos una foto rápida y a seguir camino.

Llegamos de nuevo al collado. Es la una de la tarde. Buena hora para hacer un alto y tomar el bocata. Pascual se despide y se va en solitario; tiene que estar en casa a la hora de comer. Los demás nos ponemos cómodos y empezamos a atacar la comida.
Por último acometemos el último tramo de la ruta.
-¿Cuánto falta?- se interesa alguno de los novatos.
-No mucho -informa Nacho-. Ahora tenemos un suave descenso hasta la base de la cueva de Canelobre, y para terminar… ¡la traca!
¿La traca? ¿Qué porras será la traca?, se preguntan. Preferimos no dar más detalles. Nos gusta crear un poco de suspense.
Esta vez vamos Nacho y yo por delante, sensiblemente separados del resto. Poco antes del llegar al final esperamos a los demás. Una vez reunidos caminamos juntos unos pocos pasos y, ¡voilá! La famosa traca es una cuesta espantosamente empinada que sube hasta la cueva de Canelobre. Un simpático regalo que se encuentra el sufrido senderista cuando llega cansado, pensando que la ruta ha terminado.
-¿Y esta es la traca? -se burla Susi-. ¡Menuda birria!
Decididamente, estas chicas no son fáciles de impresionar.
Tras salvar el abrupto desnivel volvemos al punto de salida. Son las 4:30 de la tarde, hora de volver a casa.


1 comentario:

  1. Ja,ja: a la próxima las hacemos subir el Puig Campana por el pedrero: ya veremos si no se impresionan. Feliz año, montañeros!!

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